Liderarme para liderar a otros

En esta última década hemos visto propuestas de capacitación y formación para ser un buen Líder, donde en muchas de ellas nos preguntan si un Líder nace o se hace y nos muestran esquemas, modelos y recetas de cómo ser un buen Líder.

Más allá de esto, desde mi experiencia como Coach y Guía de ejecutivos de empresas, he podido descubrir y comprobar como Directivos y Gerentes se desarrollan como Líderes a partir de reconocer sus propios recursos, de revisar aquellas creencias creadas y heredadas, que les impiden seguir hacia el logro de sus objetivos, hacia el encuentro de sus metas. Estas personas se caracterizan por crear nuevos hábitos para ejercer su autoridad y sus roles directivos en el día a día. Y desde ese camino comienzan a desarrollar una nueva forma de liderar, que ya no es el de mandar y de culpar al otro; es un liderazgo que “va” con el otro, que permite equivocarse y que el otro se equivoque, aprendiendo de ello. Es un estadio del liderazgo que implica conocerse (“quien soy”, “que quiero”, “a donde voy”), enriquecerse (desde la perspectiva del ”ser”), y servir (ponerme a disposición). Es un liderazgo que comienza primero por liderase a uno mismo para luego poder liderar a otras personas.

Aquí herramientas como el Coaching Organizacional (desde sus distintas miradas) son excelentes “puentes” de ayuda, para Líderes de Instituciones que desean realizar un proceso de desarrollo y crecimiento personal. Esto se materializa en la empresa en su clima y en su cultura, observándose equipos de trabajo motivados, líderes entusiastas y el creciente desarrollo de la rentabilidad por el empuje de su gente.

Sin lugar a dudas, esto conlleva una ardua tarea para cada líder, lo que implica de cada persona sacar lo mejor de si misma para entregarse a los desafíos que la vida le proponga, así como lo dice Don Juan en sus famosas cartas: “Sólo un guerrero (en el buen sentido de la palabra) es capaz de soportar el camino del autoconocimiento. Un guerrero no puede quejarse o lamentar nada. Su vida es un permanente desafío y los desafíos no son buenos ni malos. Los desafíos son simplemente desafíos. La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero toma todo como un desafío, mientras que el hombre ordinario toma todo como una bendición o una maldición.”