Las enseñanzas del virus para los Recursos Humanos

Tras la pandemia, hay que desarrollar nuevas habilidades para trabajar.

En todo este tiempo transcurrido, la crisis mundial por el Coronavirus nos ha llevado a sentirnos condicionados y confundidos sobre el futuro y, entre otras cosas, nuestro trabajo. Ha sido una situación que nos encerró en nosotros mismos como en una celda, tanto por responsabilidad, como por normativas a respetar. Implicó una carga psicológica que no habíamos vivido como humanidad en lo laboral desde la revolución industrial o la incorporación masiva de tecnología.

Ahora que, se puede decir, se está comenzando a entender más del virus, muchos de nosotros nos preguntamos ¿qué va a ser de mí? ¿qué va a pasar con mi trabajo? ¿cómo quedará mi familia y mis seres queridos cuando esto pase? Esta situación genera ansiedad, enojo, desánimo, angustia, ira y miedo. No sólo por lo que el virus y su contagiosidad implica sino, también, por decisiones que se toman y que no compartimos; por aquellos que hacen caso omiso a los protocolos de prevención mientras nosotros nos quedamos en casa o practicamos conscientemente todos los cuidados.

Pero al mismo tiempo, se presenta una oportunidad que la podemos utilizar para bien o para mal. Pues, estamos luchando sin haber estado preparados contra algo invisible y que, paradójicamente, se asemeja a otro virus que, en general, la gente de empresas estamos muy poco entrenados para combatirlo. Uno que es incluso más tóxico. Se trata de nuestra mente cuando dejamos a su control el dominio de las emociones. Es el virus que genera el mal clima y se va desperdigando con rapidez a partir del uso de las tecnológicas. Esa viralización de “mala onda” va corrompiendo nuestros espacios de trabajo y ahora también infecta el clima familiar al estar muchos de nosotros trabajando en modo home office.

Pero como dice el refrán, “El obstáculo que está en el camino se convierte en el camino”. Tenemos delante de nosotros la posibilidad de poder contagiar otro virus. Uno positivo, que “limpie” el desánimo, nuestra mente y corazón; porque los estados emocionales son también contagiosos y, cuando están descontrolados, son mucho más poderosos que el Covid.

Por eso la invitación es a que seamos la “vacuna”, porque nosotros sí la tenemos y a veces poco la usamos. Esa inyección es la de irradiar lo opuesto a lo que vemos muchas veces en el día a día y ser generadores de coherencia, solidaridad, servicio y creatividad. Esta última es la mejor manera de oponerse al miedo.

Para “preparar la vacuna” contra este virus es necesario preguntarnos: ¿qué podemos hacer? y generar nuestro plan de acción.

Éste es todo un desafío, pero, si lo hacemos, seguramente ayudaremos a que cuando todo esto termine, tengamos organizaciones más adultas y más conscientes.

Control de lo que está a mi alcance

Trabajar en nuestro carácter es lo único que está bajo mi control, es mi capacidad de tomar decisiones. De nada sirve llenarme de juicios en contra los demás porque eso me genera más ansiedad. “Para tener conciencia no hay que controlar lo que pasa fuera de mí, sino cómo responder a eso que me pasa”.

Salud activa

Al estar mejor de salud vamos a poder hacer frente de mejor manera al virus y a nuestra mente. Hacer ejercicio, dormir y comer bien, caminar, realizar estiramientos periódicos sin estar sentado todo el día y crear espacios de relajación.

Rol protagonista

Ser protagonista de cada momento que me toca vivir con mucha conciencia, no sólo por obligación o recomendación. Aunque algo sea impuesto, puedo decidir cambiar el sentido de “porqué lo hago” y hacerlo porque ayudo a no enfermarme y a no enfermar a los demás. De esa manera no lo estoy haciendo por obligación, sino porque lo decido libremente.

Evidenciar el pensamiento

Tomar conciencia de mis pensamientos y buscar siempre sentirme tranquilo. Estar atento y poder discriminar cuándo me invade la ansiedad. Soltar lo que me irrita, como por ejemplo esa decisión del otro que no hace las cosas como a mí me gustaría o como debería. Evidenciarla concretamente.

Disfrutar

Aún en estos momentos difíciles, disfrutar cada momento y darme cuenta de aquello que no disfrutaba antes teniendo la posibilidad. Así, cuando pueda salir voy a poder aprovechar mejor cada espacio.

Utilización del tiempo

Intentar no ocupar el tiempo con cuestiones vacías que generan más ansiedad, más miedo. Evitar una alta exposición a las noticias y no estar todo el tiempo conectado a las redes sociales.

Diagramar bien el trabajo sea a distancia o presencial y organizar nuestro tiempo libre para poder darle sentido en este momento.

Evitar desesperarse

Si no soy un experto en el manejo de emociones, puedo ayudarme canalizando mi energía para relajarme. Por ejemplo, escuchando la música que nos gusta, bailar, reírnos o retomar un hobby. Hacer eso que nos hace bien.

Estoy con otros

Evitar sensaciones de aislamiento. Darme cuenta de que no estoy solo, que estar encerrado o distanciado no es estar solo, es estar de alguna manera separados físicamente y poder vivir la comunicación en un nivel más profundo.

La idea de poder gestionar y potenciar los aprendizajes de la pandemia de manera particular y aplicada al espacio laboral. Inexorablemente, lo que parece que nos llevaba al individualismo en un primer momento, hoy nos hace tomar protagonismo como ser humano en comunidad. Aprovechemos lo sucedido para evolucionar también en las organizaciones y la relación con las personas que la hacen posible, estén literalmente distanciadas o reunidas, pero conscientemente vinculadas y protegidas en todas sus dimensiones.