La transformación del trabajo y los cambios en los modos de vida.

INTRODUCCIÓN




A medida que transcurrían los primeros años del siglo XXI, nuestras vidas se enlazaban
indefectiblemente a los avances de la tecnología, y casi sin importar la edad, pasamos a
depender de estos modos de estar conectados con la realidad y con el mundo. Toda nuestra
intimidad y prácticas cotidianas se vieron atravesadas por la presencia de la tecnología digital y
la virtualidad que pretendían de alguna manera hacer nuestra vida más fácil. La incorporación
de computadoras y teléfonos celulares con sus aplicaciones, la posibilidad de comprar lo que
necesitemos o deseemos en cualquier parte del mundo, el pago de servicios Online, los pedidos
de turnos y consultas médicas de modo virtual, el uso cotidiano de cajeros automáticos, home
banking y tantas prácticas más con las cuales poco a poco nos íbamos familiarizando y formaban
parte de nuestra manera de estar y relacionarnos con el mundo.
La pandemia junto al aislamiento preventivo, puso en evidencia y aceleró un proceso de
transformación de la forma de vivir y trabajar que venía insinuándose, y al que de alguna manera
nos resistíamos sin encontrar el modo de hacerlo efectivo en la sociedad. Repentinamente,
muchas cosas que nos parecían cotidianas y necesarias quedaron obsoletas (como
determinados consumos), y otras que no valorábamos tanto, pasaron a ser imprescindibles. La
importancia de los afectos, del contacto con el otro, de la vida en la naturaleza, y del deporte
pasaron a formar parte de esas necesidades difíciles de conquistar.
Como toda crisis, también mostró las dispares posibilidades y medios que cada ciudadano tenía
para quedar vigente en esta nueva normalidad. Esta situación de cuarentena que se pensó por
un par de semanas en el mundo, en Argentina se ha instalado por nueve meses, y ha influido o
interferido en los modos de vivir que teníamos.
Con más incertidumbres que conocimientos tecnológicos, la situación nos obligó a virar
rápidamente a la modalidad virtual y tuvimos que adaptarnos y aprender repentinamente un
mundo de posibilidades que, si bien ya existían, eran herramientas desconocidas para nosotros,
pero nos permitieron llevar adelante nuestros trabajos de forma remota y en la modalidad
home-office. Antes, solo determinados trabajos admitían esta posibilidad, como una opción de
un estilo de vida elegido o frente a determinada situación personal; esto demandaba espacios
para realizar las tareas en el hogar y la posibilidad de manejar nuestros tiempos y horarios que
se acomodaban a cada trabajador.
Pero con la pandemia esta “opción” de una u otra manera llegó para instalarse, y seguramente,
serán pocos los trabajos presenciales que no se puedan reemplazar con la virtualidad. Nuestros
hogares, así como también nuestros conocimientos tecnológicos, todavía no están preparados
para cumplir con las responsabilidades del trabajo remoto. Hay una nueva exigencia de sumar
nuevos usos a las viviendas, que nos pide replantearnos los espacios cotidianos para poder
cumplimentar las obligaciones laborales. Debemos también repensar estos lugares necesarios
para todos los integrantes de la familia, ya que no solo los trabajos de los adultos se vieron
afectados en esta situación remota, sino también el sistema educativo en todas sus instancias
tuvo que realizar sus aprendizajes de manera virtual.

El NUEVO SENTIDO DEL TRABAJO.
Lo cierto es que el trabajo a nivel mundial se encuentra en una “crisis” de cambio, que nos invita,
de a poco a soltar el pasado y abrirnos a algo nuevo. Esto nos lleva a cambiar algunos paradigmas
laborales que ya estaban muy arraigados en la sociedad, y a reformular estos sistemas de cara
al futuro. Hoy la forma de trabajar se “actualizó”, lo que implica una nueva manera de pararse
en este presente dado que, por los motivos que sean, nuestras referencias anteriores ya no nos
sirven. Todas estas nuevas posibilidades de trabajo que se abren de la mano del concepto de
economía del conocimiento, será mucho de lo que tendremos que aprender, ya que implica una
transformación del conocimiento en todas las áreas y ámbitos laborales.
Como seres humanos, el desafío será reinventarnos a nosotros mismos y abrirnos a lo nuevo. Lo
que viene es un mundo de mucho potencial para el desarrollo de todas las habilidades
personales, de mayor responsabilidad individual, de compromiso social y altamente tecnológico
al cual tendremos que adaptarnos indefectiblemente. Al principio, y como en todo proceso de
cambio, tendremos que ir explorando las nuevas formas de trabajo, con la importancia que ello
conlleva, ya que el mismo nos ayuda a ganar en autoestima, permite nuestra evolución personal
y el de una sociedad. El COVID 19 ha acentuado mucho más este proceso, llevándonos a
descubrir que el trabajo no es un lugar a donde uno va, sino algo que uno hace.
En muchas empresas, los espacios de trabajo comienzan a migrar del concepto de “oficina
abierta” hacia el de “oficina disponible”. Desde esta nueva mirada crece el trabajo por objetivos,
donde cada trabajador puede decidir si necesita ir o no al lugar físico de su empresa, y para ello
sabe que cuenta con una oficina disponible y no “un lugar permanente que tiene que ocupar”.
La tecnología nos dará la posibilidad de decidir sobre aquellas cuestiones laborales en las que
queremos participar presencialmente y cuales consideramos que podemos hacerlo de manera
remota. Este cambio implica mayores responsabilidades y compromisos personales con aquellas
tareas que hacemos a elección y con aquellos grupos que lideramos, pero se abre una nueva
discusión sobre cuestiones que deberemos resolver: ¿Como se transformaran los espacios de
oficinas que quedan vacíos en este concepto de oficina disponible? ¿Qué nuevas posibilidades
de usos pueden albergar y contemplarse en los actuales espacios de trabajo?
En este nuevo clima de trabajo para favorecer el bienestar laboral y el cumplimento de las
tareas, ya no es necesario “controlar” a los empleados en sus oficinas para ver qué “producen”
o cuanto tiempo le dedican al trabajo, como sucedía en determinadas culturas empresariales
que se resistían al home-office previo a la pandemia. El COVID 19 obligo a muchas empresas el
trabajo remoto, y aunque la decisión fue forzada por las circunstancias, no fue menor el grado
de compromisos de los trabajadores con muy buenos resultados para las empresas hasta el
momento, aunque todavía hay cuestiones que deben ser repensadas, revisadas y ajustadas.
En este escenario el trabajo que se instala implica una transformación social principalmente de
la mano de la innovación, teniendo en cuenta que distintos estudios científicos plantean un
“mundo laboral a futuro” donde aproximadamente el 50 % de los trabajos serán reemplazados
por computadoras con inteligencia artificial. Muchos de estos puestos laborales serán (y están
siendo) desplazados por robots, mientras que los trabajadores calificados liderarán grupos
humanos y estarán generando nuevas herramientas y sistemas tecnológicos. Se contratarán

individuos por proyectos, ya que ellos elegirán en que ideas o plan trabajar y no para quien
trabajar. Las jerarquías y los “títulos” no serán tan importantes como la capacidad adquirida
para realizar esas tareas. Crecerá el concepto de lo que se conoce como “humanidad
aumentada”, donde mujeres y hombres no solo tendrán que cooperar con otros seres humanos
para la realización de sus tareas sino también con robots, con quienes además deberán
compartir en algunos casos los mismos espacios de trabajo.
Aquellas tareas por las cuales nos pagarán serán más creativas, de relaciones con pares y muy
interactivas con otros grupos humanos y no humanos; esas tareas quedarán bajo nuestro
control. Y en esto vale una aclaración: tal vez en 2084 la inteligencia artificial pueda desarrollar
muchas más tareas que los mismos seres humanos, dado que día a día (y sumando nuevos
algoritmos) se va perfeccionando, y según diversas investigaciones científicas la inteligencia
artificial nos superará en poco tiempo. Pero entendemos el trabajo como aquellas tareas para
las cuales nos capacitamos y a partir de ello podemos dar un servicio para la sociedad, como un
fin trascendental para el hombre.

EL LUGAR DONDE TRANSCURRE TODO
Indudablemente, con lo enumerado hasta aquí van a cambiar nuestros modos de vivir y los
espacios que vamos a necesitar. Daría la impresión que hay algunos modos de habitar que hoy
resultan vencidos para determinados trabajos o tareas. La virtualidad del trabajo y la educación
remota, implica revisar nuestros espacios de vida y los nuevos espacios para estas tareas,
especialmente en el caso que tengamos que estar todos los días y a toda hora los integrantes de
una familia en casa. ¿Cómo se van a repensar los espacios de privacidad para el desarrollo del
teletrabajo o tele-escuela? ¿Disponemos de lugares de trabajo exclusivos y los elementos
necesarios para hacer un trabajo eficiente?
Estamos frente a una nueva normalidad donde “todo” transcurre o transcurrió en el hogar. La
convivencia, el trabajo, la educación, la recreación, el descanso y los espacios de ocio quedaron
confinados a los m2 que cada persona o familia dispone. De repente la privacidad de los límites
se desdibuja y la exclusividad de los ambientes del hogar tuvo que ser redefinida y compartida:
la cocina pasó a ser oficina, el comedor la escuela, el dormitorio espacio de trabajo o de
actividades deportivas, los balcones o patios se transformaron en el único contacto con el
mundo exterior. Tener un jardín o un balcón en el hogar pasó a ser un bien de lujo. Este cambio
de hábitos de trabajo nos cuestiona sobre el rol de la vivienda a futuro
Un tema que se suma a esta problemática y merece una reflexión aparte, es como se van a
solventar económicamente todos estos nuevos espacios que implica esta nueva realidad laboral
y educacional. Dado que los lugares de trabajo y los educativos van a quedar obsoletos o
deshabitados en su gran mayoría, debemos preguntarnos qué hacer con esos grandes espacios
vacantes, que ahora serian espacios que los trabajadores y estudiantes necesitaremos en las
viviendas. No estaría dentro del presupuesto de la mayoría de los ciudadanos, poder disponer
de espacios para todas las tareas remotas que ya no se realizaran presenciales, de cada
integrante del hogar.
En esta situación donde todo transcurre en el hogar, nos surgen otros interrogantes. ¿Podremos
equilibrar los espacios de trabajo y los espacios para vivir en nuestras viviendas? ¿Estos espacios
virtuales van a interferir en la vida familiar? ¿Cómo es vivir y trabajar en el mundo virtual, que
ya es un mundo real?

Fig. 1 – Concepto vivir y trabajar en el mismo espacio físico.
Fig. 2 – Esquema posible de vivir- trabajar.

En algunas profesiones, la intimidad del hogar quedó a la vista de todos. Se dio una irrupción del
trabajo en lo cotidiano de nuestras vidas, imponiendo nuevas condiciones de exigencias y
tiempos que interfirieron con nuestros espacios privados. El trabajo virtual exigió de mucho
esfuerzo y demandó gran cantidad de horas extras lo cual no solo invadió el lugar físico sino
también nuestros tiempos familiares y de ocio. Urge un cambio de paradigmas no solo en cuanto
al hábitat, sino también en nuestra forma de descubrir el equilibrio “conexión – desconexión”.
Antes cada actividad tenía su espacio, su hora y su lugar. Ahora todo aparece “mezclado”,
generando confusión, hastío, cansancio y perdiendo la noción de espacio y tiempo de la mano
de las pantallas. Con la pandemia se hizo un esfuerzo desmedido de pasar a un formato virtual
un trabajo que hacíamos presencial; el desafío es aprender a realizar el trabajo virtual con las
reglas y los modos de ese formato que todavía desconocemos.
Debemos revisar el modelo para reinventar el futuro. El desafío es como adaptarnos a un mundo
virtual que se ha hecho real y que su presencia ha puesto en jaque nuestros espacios de vida.

COMO VAMOS A VIVIR


¿Nos permite nuestra vivienda trabajar, estudiar, recrearnos de manera que las relaciones se
potencian y los limites se respeten? ¿Se podrán reconfigurarán los espacios de la vivienda en los
mismos m2 o necesitaremos de más m2? ¿Tenemos que pensar nuestra vivienda como una
célula autómata que me permita hacer la mayor cantidad de actividades con el menor contacto
social? ¿Necesitaremos a futuro realizar las actividades cotidianas dentro de la vivienda, o
podremos pensar espacios comunes de uso entre pequeños grupos humanos?
Con tantos interrogantes nos urge volver a pensar la vivienda en esta nueva realidad. Sería
utópico dar una única respuesta, solo es posible reflexionar en algunas cuestiones que implican
una revisión para plantear posibles hipótesis. Debemos cuestionar el paradigma social del
significado de la vivienda en nuestras latitudes y la constructibilidad de la misma que se
desprende de esa mirada; la idea de la vivienda para toda la vida o el status implícito de una
casa, no nos permitirían realizar los cambios y ajustes necesarios. Revisar también el modelo de
la tipología como programa para que pueda contemplar los nuevos requerimientos sociales de
vida. Redefinir cómo los nuevos modos de trabajar, de estudiar, de relacionarnos, de recrearnos
(en definitiva, de vivir) van a impactar en nuestros hogares

Desde el rol del Arquitecto tenemos que anticipar nuestro pensamiento siendo sumamente
reflexivos con el contexto actual y con los posibles contextos futuros. Debemos redefinir los
conceptos de vivir/trabajar en el mismo espacio físico. El desafío es pensar nuevas tecnologías
para las viviendas que respondiendo a determinados paradigmas sociales puedan construirse
dando respuesta a todos los condicionantes y las seguridades que implica su construcción.
La vivienda es el refugio más íntimo de cada persona y esa condición no está en juego. Nuestros
hogares deberían ser espacios flexibles sin perder nuestra privacidad, que nos permitan trabajar,
educarnos, y que puedan mutar en función de los cambios y las futuras necesidades que vayan
surgiendo y que todavía desconocemos. Esta flexibilidad, podría responder al diseño superficies
y espacios que puedan ir cambiando de función en relación a los equipamientos, o espacios que
se puedan acoplar o desacoplar a un determinado modulo fijo; espacios que puedan crecer o
decrecer según una necesidad (como la manga para abordar un avión). Espacios que puedan ir
mutando de forma, que puedan separarse de una estructura base, que nos permitan a través de
una modulación, sumar áreas de privacidad en caso que las necesitemos. Nuestras viviendas
deberán ser posibilitantes de diversos usos y actividades, más personales, más ajustadas a
nuestros requerimientos de privacidad y dentro de un presupuesto al que podamos acceder.

Fig. 3 y 4 – Materialización del Concepto vivir y trabajar en el mismo espacio físico en una vivienda posible.

Los avances en la tecnología de los materiales nos van a posibilitar tener a disposición un
catálogo de materiales más flexibles que cumplan con las mismas cualidades sensoriales y
parámetros de seguridad, acústicos, control de temperatura y lumínicos que los materiales
tradicionales. La posibilidad de construir algo efímero, no permanente, que se adapte a las
necesidades de trabajo o familiares, que pueda crecer o decrecer, e incluso que se pueda
trasladar o transportar a nuevas geografías, son nuevas condicionantes que debemos
contemplar en esta instancia de pensar la vivienda a futuro.
La tecnología atraviesa todos los planos físicos y brinda mayor posibilidad de encuentro y
aprendizaje. Con el avance de la misma, los aparatos se van reduciendo y simplificando en su
uso, y tal vez, en un futuro no tan lejano, solo necesitemos de un solo dispositivo que nos
permitirá distintos formatos de pantalla, encuentros, relaciones y posibilidades de estar en ese
mundo hiperconectado. Tal vez no necesitemos tener más espacios físicos ya que estos nuevos
dispositivos posiblemente serán pantallas táctiles, holográficas, lentes o cascos de realidad
virtual que nos permitan encontrarnos con otros en diferentes experiencias interactivas. Estas

pantallas fijas o móviles, ubicadas en determinados ambientes, podrán desplegarse en el caso
que sean necesitadas para el trabajo o para distintas interacciones. La misma pantalla podría ser
un espacio de privacidad y sonoridad que no irrumpe en la vida familiar y no es interrumpida
por los ruidos de un hogar. Seguramente, lo que hoy nos parece incompatible con la vida
familiar, será de uso y sentido común para las generaciones futuras.

Fig. 5. Imaginario posible solución final

CONCLUSIONES
La capacidad que tiene el ser humano para reinventarse, adaptarse al avance de la tecnología,
repensarse en su rol y en sus maneras de hacer las cosas es sorprendente. Los aprendizajes que
se van dando generación a generación han puesto en jaque muchos de los viejos paradigmas
con que fue concebido el siglo XX. Da la impresión que tenemos muchas miradas y
conocimientos vencidos que hay que volver a construir. Ya el conocimiento por el conocimiento
mismo o el saber por el saber mismo no tiene vigencia si no sumamos todas las habilidades que
tienen que ver con la persona y la humanidad (el conocimiento de sí mismo y de las maneras de
relacionarme con el otro). Ya es tiempo tal vez de olvidarnos del sueño de la casa propia en tal
barrio o ciudad y permitirnos vivir nuestra casa en diferentes geografías, con diferentes culturas
y en distintos proyectos laborales que consideremos desafiantes.

Muchas cosas seguramente irán cambiando y ajustándose ya sea en cuantos a los modos de
aprender y a las maneras de trabajar. Mas allá de los cambios laborales y de los espacios que
necesitemos, las ciudades como lugar de encuentro con el otro no van a desaparecer. Tal vez
ajusten su escala, la complejidad de funciones, la movilidad en cuanto a cantidad de viajes a
realizar, y den más valor a los espacios destinados a la recreación, al ocio, al encuentro con otros.
Seguramente necesitemos comunidades de escala más aprehensible, donde podamos
encontrarnos con los otros, con nuestros afectos, con lo que nos hace felices.
La vivienda como “el lugar” donde uno pueda resolver todas sus necesidades, no sería el modo
de pensarnos como sociedad a futuro. Somos seres sociables por naturaleza, y vivir en sociedad
y estar en relación con otros pares es lo que nos da sentido a nosotros y a nuestra vida,
entendiendo el encuentro con el otro como un valor que construye la identidad y ensalza el alma
del ser humano.
El desafío está en que la sociedad en conjunto pueda dar este paso de transformación. Los
nuevos modos de trabajar que ya estamos ensayando, nos deberían permitir no solo trabajar
remotamente haciendo lo que nos gusta, sino la posibilidad de administrar mejor nuestros
tiempos, logrando mayor calidad de vida. El trabajo será una elección y no una obligación, como
también lo será del modo que lo llevaremos adelante. No se trata de cumplir para alguien, sino
de aprender a liderarnos. Para ello necesitaremos adultos más responsables, comprometidos
con sus proyectos laborales, y con la sociedad. Deberemos reaprender, aquellos que venimos
de la vieja cultura del trabajo, los nuevos requerimientos del trabajo remoto y por objetivos,
diferenciando lo que es urgente de lo que es importante.
Y en este aprendizaje y si la modalidad de trabajo es home-office organizaremos nuestra agenda
de trabajo, generando nuevos hábitos saludables físicamente y socialmente, siendo
autodisciplinados (no solo para trabajar sino también para desconectar), y sabiendo responder
a nuestras metas e intereses y encontrando nuevos canales de encuentro con el otro.